Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, 19, (2026): e192. https://doi.org/10.25185/19.2 Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC BY 4.0.) https://creativecommons.org/licenses/by/4.0

 

https://doi.org/10.25185/19.2

 

Reseñas

 

Vicente Jesús Díaz Burillo y Diego Alejandro Mauro. La invención del papado contemporáneo. De Pío IX a Francisco. Madrid, Los Libros de Catarata, 2025, 206 pp.

 

Recibido: 6/10/2025 - Aceptado: 17/11/2025

 

 

El papado que hoy reconocemos como un actor global, capaz de intervenir en la política, la diplomacia y los medios internacionales, es el resultado de un largo proceso de reinvención. Ese itinerario, que comenzó en medio de la crisis que sacudió a la Iglesia en el siglo xix, constituye el tema central de La invención del papado contemporáneo. De Pío IX a Francisco, escrita a cuatro manos por los historiadores Vicente Jesús Díaz Burillo y Diego Alejandro Mauro. La noción de “invención” alude precisamente a la construcción histórica de una institución que, lejos de permanecer cristalizada en el tiempo, se ha visto obligada a transformarse para sobrevivir y proyectar su influencia en un escenario global en permanente cambio. Con un atractivo estilo ensayístico, la obra está dirigida tanto a un público académico como a un lector más amplio interesado en comprender la evolución del papado en los últimos dos siglos. Díaz Burillo, académico de la Universidad de La Laguna, y Mauro, investigador del CONICET y académico de la Universidad Nacional de Rosario, han hecho converger sus respectivas trayectorias en el estudio del catolicismo contemporáneo para presentarnos un libro que examina las dinámicas internas del papado y la diplomacia pontificia, así como sus resonancias en el catolicismo global.

No cabe duda de que la apuesta es ambiciosa. En poco más de doscientas páginas los autores pretenden mostrar cómo, desde la caída de Roma en 1870 hasta el recientemente fallecido Francisco, el papado logró reconfigurarse insertándose en los circuitos diplomáticos y financieros internacionales, centralizar de modo creciente el gobierno eclesial y construir un entramado mediático robusto capaz de amplificar su mensaje. El resultado es una narración que, combinando cronología y ejes temáticos, presenta un panorama de los cambios institucionales, doctrinales y simbólicos que explican la vigencia actual del papado. Esto se logra a través de un análisis que se organiza en torno a tres ejes. El primero aborda las transformaciones que afectaron a la institución misma del papado, en especial aquellas vinculadas al proceso de centralización, es decir, al modo en que la Santa Sede ha logrado controlar a la Iglesia a nivel global desde la esfera magisterial, doctrinal y diplomática. La evolución de la diplomacia pontificia ocupa un segundo eje, que permite comprender cómo el papado llegó a consolidarse como una autoridad moral en la esfera pública internacional. Finalmente, el tercer eje profundiza en la construcción del aparato mediático, relacionado con la dimensión simbólica, la representación y “teatralización” de los actos institucionales del papado, así como su conversión en actos políticos.

El libro se estructura en una introducción, ocho capítulos y una conclusión que sintetiza los principales hitos y desafíos que marcaron la reinvención del papado tras la disolución de los Estados Pontificios. Un “intermezzo” divide la obra en dos grandes partes, situando a los Pactos de Letrán y al nacimiento del Estado de la Ciudad del Vaticano como el momento de maduración de un proceso que consolidó al papado contemporáneo.

El primer capítulo se ocupa de los pontificados de Pío IX y León XIII y de la crisis del papado tal como se lo conocía hasta entonces, cuando la pérdida de los Estados Pontificios obligó a redefinir las bases materiales y simbólicas del poder papal. En estas páginas iniciales, los autores tratan los procesos que condujeron a una “espiritualización” de la figura de Pío IX, los cambios administrativos promovidos desde la curia romana, el fortalecimiento doctrinal con el Concilio Vaticano I y la preparación de los cimientos para la futura independencia financiera de la burocracia vaticana mediante la regularización y universalización del Óbolo de San Pedro. De forma paralela, las movilizaciones populares en torno al “prisionero del Vaticano” y el auge de los cultos marianos canalizaron energías en la misma dirección, como destacan los autores. Sin embargo, las oportunidades abiertas tras la brecha de la Puerta Pía en 1870, ocultas por la conmoción y la intransigencia de Pío IX, serían mejor percibidas por León XIII. Con el papa Pecci se iniciaba, en palabras de Díaz Burillo y Mauro, una “revolución silenciosa”, caracterizada por un giro en la forma en que la Iglesia concebía su relación con la modernidad política. Ello supuso un reposicionamiento frente a dicha modernidad, al reconocerse la posibilidad de emplear sus instrumentos para “catolizarla”.

Los dos capítulos siguientes se adentran en la consolidación institucional de la Iglesia en los albores del siglo xx. Bajo Pío X se examina la creciente centralización del poder romano, acompañada por la reorganización de la curia, la regulación del laicado y una ofensiva antimodernista que, al mismo tiempo, afianzó la disciplina interna y definió el perímetro ideológico del catolicismo. El convulso pontificado de Benedicto XV es destacado por su esfuerzo en retomar el protagonismo diplomático del Vaticano impulsado por León XIII. Como señalan los autores, el fracaso en su intento de erigirse en árbitro durante la Gran Guerra no supuso, sin embargo, una derrota, pues el papado logró consolidarse como una voz relevante en el campo del pacifismo. Con Pío XI, la atención recae en el impulso dado a la doctrina social católica y en la voluntad de encauzar la acción política y social del laicado. En continuidad con la línea inaugurada por León XIII, se avanzó a nivel doctrinal en una propuesta alternativa a la dicotomía liberalismo capitalista–socialismo, ajustada a las exigencias del nuevo escenario de entreguerras.

A continuación, los autores introducen un “intermezzo” dedicado a los Pactos de Letrán (1929), momento que marca la maduración del proceso de consolidación del pontificado contemporáneo. Los principales cambios analizados hasta entonces convergen en esta época. Por un lado, el acuerdo alcanzado entre Pío XI y el gobierno fascista de Benito Mussolini permitió dar una solución definitiva a la “cuestión romana” al reconocer la independencia política de la Santa Sede mediante la creación de un minúsculo Estado soberano. Por otro, se afianzó el papado como actor financiero plenamente inserto en la economía global con la fundación del Instituto para las Obras de Religión (1942). Finalmente, se consolidó una estructura mediática sostenida en la prensa, especialmente en la radio, que otorgó autonomía al papado para construir una agenda comunicacional propia, destinada a reforzar la figura del papa y su condición de autoridad moral en la política internacional.

De este modo, cuando Eugenio Pacelli accedió al trono pontificio, heredó una institución consolidada en sus dimensiones administrativa, financiera y mediática. Además de profundizar en estos y otros aspectos, el cuarto capítulo aborda las conocidas dificultades de Pío XII para mantener la neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial. La reflexión, sin embargo, no incorpora plenamente los debates más recientes surgidos tras la apertura de los archivos vaticanos en el último quinquenio y que aún no terminan de redefinir la interpretación de su pontificado.

El quinto capítulo se centra en los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI, así como en el Concilio Vaticano II. Aunque el evento conciliar suele considerarse un parteaguas en la historia contemporánea de la Iglesia, los autores, en consonancia con el argumento del libro, relativizan su importancia. Otorgan, en cambio, mayor peso al pontificado de Pablo VI y los cambios introducidos a partir del concilio, el ejercicio de su autoridad magisterial, la regulación de las relaciones entre el papa y los obispos, y la expansión de la diplomacia pontificia. Más allá de la imagen aperturista del papa que clausuró el Concilio y condujo la agitada etapa postconciliar, el capítulo destaca las continuidades y la reafirmación de la autoridad papal al interior de la Iglesia.

El sexto capítulo examina los breves meses del pontificado de Juan Pablo I y, en contraste, la prolongada trayectoria de su sucesor, Juan Pablo II, presentada como una etapa de proyección global sin precedentes. En estas páginas sobresale el análisis del papado como “producto mediático”. Con el pontificado de Wojtyła, los autores ahondan en los instrumentos políticos y diplomáticos de la centralización, la “nueva evangelización”, el reposicionamiento del catolicismo en el espacio público y la confrontación contra el comunismo con un perfil propio, que no renunció a la crítica de ciertos aspectos de la modernidad occidental. Asimismo, los autores ofrecen un estimulante recorrido sobre la participación del papado en la “sociedad del espectáculo”, desde la primera fotografía tomada a Pío IX hasta la cuidada preparación de los viajes pontificios en las últimas décadas, incluyendo el impacto del papa Francisco en el mundo de las redes sociales y la consolidación de una maquinaria mediática. Gracias a estas dinámicas, el papado y los católicos en general adoptaron estrategias modernas de presencia en el espacio público y en los medios de comunicación masivos.

El cierre del Concilio Vaticano abrió una época de disputa sobre las interpretaciones del mismo evento conciliar, las cuales también afectaban a la comprensión misma del papado dentro de la Iglesia. El penúltimo capítulo analiza el papel del cardenal Joseph Ratzinger, primero como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la orientación doctrinal bajo el papado de Juan Pablo II y, luego, como Benedicto XVI. Los autores abordan su participación en los debates sobre las interpretaciones del concilio, las tensiones con la Compañía de Jesús y con los teólogos de la liberación, así como su impulso al surgimiento de nuevos actores comprometidos con la “nueva evangelización”, alineados con el programa pontificio de “recristianización” de la sociedad y de crítica a la modernidad.

El inicio del tercer milenio encontró al centro romano afectado por una grave crisis, pese a su “fortalecimiento institucional y la exitosa proyección pública”. La sorpresiva e histórica renuncia de Benedicto XVI abrió paso a la elección de Francisco, a quien está dedicado el último capítulo. De este pontificado –todavía abierto al momento de la publicación del libro– se analiza su impacto mediático, que prolonga la lógica del “espectáculo” impulsada especialmente por Juan Pablo II, con una intensa agenda viajera, aunque marcada por un perfil propio, definido por los autores como una “forma de liderazgo carismático más desde abajo”. La novedad de Francisco se aprecia también en su participación en medios de comunicación no tradicionales. Otro aspecto destacado es la actualización de la doctrina social frente al nuevo escenario político, con especial atención a sus lineamientos económicos, sociales y ambientales. El capítulo no olvida algunas de las tensiones que atravesó el gobierno del papa argentino al interior de la Iglesia, como las discusiones en torno al Sínodo de la Sinodalidad y las polémicas provocadas por la declaración Dignitas infinitas, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Uno de los principales méritos del libro es la capacidad de síntesis y la claridad con que los autores exponen procesos complejos y de largo alcance. Lejos de ser una simple cronología de pontificados, la obra construye un arco interpretativo coherente que permite comprender cómo el papado logró reconfigurarse en un actor global de primer orden. La inclusión del espacio latinoamericano constituye otro aporte significativo. Si bien el centro de gravedad del papado ha estado en Europa, el énfasis puesto en circulaciones y transferencias a través del Atlántico enriquece la mirada y resulta especialmente pertinente en un momento en que la historiografía sobre el catolicismo global insiste en superar el tradicional marco eurocéntrico.

Desde luego, un repaso por dos siglos de historia del papado en tan pocas páginas obliga a dejar de lado ciertos aspectos y procesos. La cuestión es si esas omisiones afectan o no a la tesis central. Considero que la inclusión de algunas dimensiones, aunque no la alteran, habrían permitido reforzar el argumento y complejizar aún más el análisis. Además de lo señalado anteriormente sobre los debates más recientes en torno al pontificado de Pío XII, hubiera sido pertinente atender de manera más sistemática las reformas de la curia romana, desde Pío X hasta Francisco, incluyendo los esfuerzos iniciados por Benedicto XVI y profundizados por su sucesor para sanear y reforzar el control sobre la economía vaticana. Asimismo, la mirada de la Santa Sede hacia Oriente/Asia, desde el pontificado de León XIII hasta la creciente representación de este continente en el colegio cardenalicio en una Iglesia cada vez más globalizada, constituye un punto ciego en la obra. Con todo, estos reparos no restan ningún brillo al aporte de Díaz Burillo y Mauro.

Con rigor analítico, la obra brinda una síntesis histórica accesible y sugerente para quienes buscan comprender la vigencia del papado en el mundo actual. Al concebirlo como una institución dinámica y atenta a los desafíos políticos, económicos y culturales de cada época, los autores proponen una aguda interpretación que ilumina tanto las continuidades como las rupturas de su trayectoria en los últimos doscientos años. En conjunto, se trata de un aporte destacado y ciertamente oportuno dentro de la todavía escasa producción académica en español sobre el papado contemporáneo.

 

Sebastián Hernández Méndez

Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile

shernande@uc.cl

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0001-9880-0281