doi: https://doi.org/10.25185/5.9

 

 

Claudia Montero.

Y también hicieron periódicos. Cien años de prensa de mujeres en Chile, 1850-1950.

Santiago: Hueders, 2018, 296 pp.

 

 

Recibido: 05/12/2018

Aceptado: 13/02/2019

 

La voz femenina en la esfera pública siempre se vio enfrentada a numerosos obstáculos para lograr visibilidad. La herencia patriarcal que imponía a la mujer la obligación de permanecer recluida en el ámbito de lo privado relegó, en gran medida y hasta hace pocas décadas, la expresión de sus opiniones en cualquier espacio que transgrediera los límites del hogar. El juicio y condena social a que eran sometidas quienes buscaban trascender el rol de “ángeles del hogar” (madres y esposas) dificultó su manifestación pública. Sin embargo, existió un grupo de mujeres que fue capaz de romper los cánones establecidos y logró visibilizar su discurso a través de distintas publicaciones, fungiendo como escritoras, editoras e impresoras y hasta propietarias de diversos medios de prensa.

A partir de estas premisas, Claudia Montero presenta en Y también hicieron periódicos. Cien años de prensa de mujeres en Chile, 1850-1950, un recorrido a través de la prensa periódica chilena dirigida por y para mujeres. Fruto de un trabajo de muchos años –que ya vio resultados parciales en artículos de prensa, revistas académicas y capítulos de libros–, la autora confecciona una verdadera cartografía de la prensa femenina, para intentar comprender de qué forma las mujeres –y sus relatos– influyeron dentro del espacio público local y cómo se desarrolló cada una de las empresas editoriales en que ellas fueron protagonistas. Busca definir los fundamentos de una “prensa femenina y feminista” y determinar las transformaciones materiales y discursivas que vivió la escritura periódica de género en el panorama político-cultural chileno a lo largo de cien años. A la vez, Montero descubre la posibilidad, a través de su trabajo, de sistematizar y poner en valor un material documental (62 publicaciones) fragmentario y disperso –y a veces incompleto por el silenciamiento accidental y/o consciente a que fueron sometidas estas fuentes– para acercarlo al lector. Es decir que, en el despliegue de su investigación, la obra deja en evidencia, no solo un interesante análisis del proceso histórico, sino también un trabajo heurístico relevante y necesario.

El primer capítulo que conforma este trayecto, “Las precursoras”, descubre la irrupción de las mujeres en el mundo editorial y periodístico chileno entre 1850 y 1890. Allí, se reconocen las diversas formas (periódicos políticos, revistas literarias y revistas ilustradas) en que éstas intentan apropiarse de un espacio dentro de la opinión pública y se advierten las resistencias que deben enfrentar en dicho proceso. Se trata, según Montero, de periódicos en que el discurso de género aún no logra escapar a los convencionalismos sociales asociados con su papel marginal dentro de la cultura letrada decimonónica. No obstante, el período que se abre con la publicación de El Eco de las Señoras de Santiago (1865) –y que se comprende dentro del proceso de modernización de la prensa en Chile y América Latina– otorga la posibilidad de presentar a la mujer como un sujeto reflexivo, capaz de opinar sobre los asuntos políticos y sociales de la época (y transgredir las fronteras establecidas del pensar femenino), pero sin abandonar las lecturas asociadas culturalmente a su género: las crónicas de moda y de teatro, los consejos culinarios, las novelas de folletín, etc. Asimismo, la autora presenta y describe a las principales protagonistas de este primer momento de desarrollo de la prensa femenina, para concluir que todas las publicaciones del período son elitistas en su origen y alcance. Así, destaca la acción de pioneras como Rosario Orrego o Lucrecia Undurraga, en tanto forjadoras de un género discursivo que se enfrenta no solo a la crítica pública, sino también a los problemas estructurales que marcan a los impresos de la época: inconvenientes económicos y logísticos para la impresión y distribución de los soportes y falta de lectores.

“La explosión de las voces” caracteriza a las primeras tres décadas del nuevo siglo (1900-1920). Allí la diversificación de medios, su aumento y la transversalidad social del discurso de género imprimen un cambio dentro del mundo editorial chileno. La autora observa durante el período el desarrollo de tres tipos de prensa: feminista (con sus vertientes liberal y obrera); conservadora (católica y gremial católica); y cultural (cine, literatura y moda), cada una de las cuales examina con detenimiento. Al hacerlo, percibe que este periodo está determinado por la consolidación de los espacios obtenidos dentro de la opinión pública en la etapa anterior y por el intento de ocupar nuevos ámbitos. A partir del avance del proceso de escolarización y alfabetización surgen nuevos públicos (populares o de élite) con nuevos intereses, y es allí donde estos formatos desean entrar a tallar como soportes capaces de conformar una comunidad de género. También la agenda lectora se diversifica: reproducción, sexualidad, familia, maternidad, sufragismo, sistema laboral, etc., aparecen en sus páginas, convirtiendo a los impresos en órganos de expresión, pero también de denuncia.

La tercera etapa en el proceso de constitución del campo periodístico femenino chileno está marcada por “la emergencia de las políticas” (1930), en tanto estos nuevos órganos publicitarios se transforman esencialmente en plataformas de reivindicación política y social. En un contexto marcado por la inestabilidad institucional y la crisis económica, se promueven publicaciones –autónomas o pertenecientes a organizaciones femeninas– que apuestan a afianzar una conciencia de género, radicalizando su discurso en defensa de la mujer, dentro de una sociedad que aún mantiene resabios patriarcales que buscan marginarla. En la acción del Partido Cívico Femenino (a partir de Acción Femenina) o el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (mediante La Mujer Nueva), se encuentran mecanismos para alinearse con un movimiento mundial –acción manifiesta a través de migraciones textuales o crónicas u opiniones sobre la acción feminista en Europa– y crear redes para un frente común en la protección de la mujer.

El ciclo se cierra con “la institucionalización [de la prensa femenina] y su dilución” (1940-1950), momento marcado por el afianzamiento de los medios de prensa pertenecientes a los movimientos sociales feministas, pero también que asiste a la inestabilidad y el desmembramiento de muchos de ellos fruto de sus propias disidencias políticas internas. Esto marca la escisión en nuevos medios, pero también el debilitamiento de cada uno. Durante el período, irrumpen medios alternativos como los boletines de circulación interna, los cuales conviven con los medios comerciales. A esto se une la participación de la mujer en los espacios de la política –inclusión aún incipiente y no sin férreas oposiciones– lo que también tiende a debilitar muchos de estos órganos de prensa. Montero considera como elemento relevante la política represiva de la época, cuya influencia no deja fuera a estos medios de prensa. En este contexto, es significativa la acción de una organización con la FECHIF (Federación Chilena de Instituciones Femeninas) y sus medios de expresión (Boletín u Orientación) como mecanismo para perseverar en el activismo y mantener la llama del discurso feminista.

¿Qué pasó luego de 1950?, ¿cómo se manifestó la prensa femenina durante el periodo aciago de la dictadura militar? o ¿de qué modo se constituye actualmente el periodismo feminista dentro del espacio público?, son algunas de las interrogantes que Montero deja planteadas en el final de su trabajo para la continuidad de una labor de reconstrucción que tiene en Y también hicieron periódicos… un punto firme desde el cual proseguir. Asimismo, aparecen muchas líneas de trabajo para las que esta obra puede resultar un insumo relevante. Algunas se despliegan actualmente en el espacio Prensa de Mujeres Chilenas (http://prensademujeres.cl/), en que la autora –profesora de Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso– junto a su equipo de trabajo, profundizan en la obra de estas pioneras de la prensa periodística femenina, así como también en los contenidos de sus impresos.

Como lector, el libro de Montero también despierta la curiosidad por ahondar en diversos temas: el examen de la relación de estas publicaciones con otras similares a nivel regional y transcontinental y la constitución de redes de autoras y de revistas (o periódicos); el análisis de los espacios de sociabilidad asociados a algunos de estos soportes (especialmente aquellos ajenos a organizaciones o instituciones) y su influencia en las dinámicas y flujos colaborativos de las publicaciones; o el estudio de la percepción y recepción de esta prensa femenina por parte de los medios hegemónicos de la época; sumarían a esta labor investigadora que, sin dudas, merece ser continuada, a fin de otorgar a la acción femenina y feministas en los órganos periodísticos el rol que le corresponde dentro de la historia de la prensa.

 

Nicolás Arenas Deleón

Universidad de los Andes – CONICYT (Chile)

narenas@miuandes.cl

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-5087-5839