Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, nº 19, (2026): e1917. https://doi.org/10.25185/19.17 Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC BY 4.0.) https://creativecommons.org/licenses/by/4.0

https://doi.org/10.25185/19.17

 

El punto de quiebre. A 180 años del giro en la obra de Søren Kierkegaard

The Breaking Point: 180 Years After the Turn in Søren Kierkegaard’s Work Kierkegaard

O ponto de viragem: 180 anos da reviravolta na obra de Søren Kierkegaard

 

 

Santiago de Arteaga Gallinal

Universidad Católica del Uruguay, Uruguay

santiago.dearteaga@ucu.edu.uy

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-4257-9156

 

Matías Wende

Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile

matias.wende@uc.cl  

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-7168-0248

 

Recibido: 30/3/2026 - Aceptado: 10/4/2026

 

A mediados de diciembre de 1845, Søren Kierkegaard entregó a imprenta un manuscrito titulado Post Scriptum no científico y conclusivo a las “Migajas filosóficas”. En efecto, el texto estaba pensado como la continuación de una obra anterior. El detalle es que la obra principal tenía poco más de ochenta páginas y el agregado sumaba más de quinientas. Otra característica notable de este Post Scriptum es su carácter conclusivo. Kierkegaard estaba entreteniendo la idea de dejar de escribir y trasladarse a una parroquia rural. El 7 de febrero de 1846, escribe en uno de sus diarios: “Ahora mi intención es convertirme en pastor. Por varios meses le he pedido a Dios que me ayude, porque hace tiempo me es claro que no puedo continuar como escritor [...]. Por eso es que no he empezado nada nuevo mientras reviso las pruebas [del Post Scriptum], excepto por una pequeña reseña de Dos épocas, que, de nuevo, es conclusiva”[1]. El Post Scriptum apareció en vitrinas el 27 de febrero y, poco más de un mes después, el 30 de marzo, la reseña estaba también a la venta. Y, sin embargo, Kierkegaard no abandonó su tarea como autor.

Teniendo en cuenta el conocido carácter polémico que Kierkegaard asumió con la Iglesia establecida de Dinamarca hacia el final de su vida, cuesta imaginarlo ejerciendo de pastor. Lejos de ser un arranque de locura previo a una muerte por agotamiento, podemos notar un giro en la producción kierkegaardiana que decanta en una oposición al orden eclesiástico-político. Este quiebre, motivado por la desavenencia pública que Kierkegaard tuvo con el diario satírico El corsario, se concreta en 1846 con la publicación del Post Scriptum y de la reseña literaria. El 24 de enero de 1847, Kierkegaard documenta en sus papeles personales: “Alabado sea Dios porque los asaltos del bárbaro populacho han caído sobre mí. Así he ganado tiempo para darme cuenta internamente y convencerme de que era una idea poco prometedora la de querer vivir en una parroquia rural y hacer penitencia en reclusión y olvido. Ahora me planto resuelto y arraigado en mi lugar como nunca”[2]. Vuelve a escribir en la misma línea el 13 de octubre de 1853, dos años antes de morir: “Con cada libro nuevo pensaba: debo parar aquí. Esto lo sentí sobre todo con el Post Scriptum. En ese punto quise parar – entonces escribí las líneas sobre El corsario. Desde ese momento, mi idea de lo que era ser un escritor cambió. Comencé a creer que debía continuar tanto como pudiera”[3].

El 13 de junio de 1844, Kierkegaard publicó Migajas filosóficas. Su nombre aparecía cumpliendo la misión de ser editor del escritor ficticio Johannes Climacus. Hacia el final de esta breve pieza, que está dedicada al cambio de paradigma desde la concepción socrática de la verdad hacia la concepción cristiana, el seudónimo se plantea el futuro de su proyecto: “[...] en la próxima sección de este folleto, si alguna vez la escribo, tengo en mente el propósito de llamar a las cosas por su verdadero nombre y de revestir los problemas con su vestimenta histórica”[4]. Eso es justamente lo que hace el Post Scriptum, pero en una pequeña parte de su profusa extensión. El resto del mamotreto trata sobre el carácter subjetivo del cristianismo. En contraste con el modelo científico y con la búsqueda especulativa desligada de la existencia, el carácter de lo cristiano se juega en la comunicación de una verdad que debe ser vivida y que, por lo mismo y no por vicio de relatividad, es subjetiva. Dentro de este marco, aparece por fin algo más de sistematicidad en el pensamiento de Kierkegaard, aunque muchas veces se lo pueda ver criticando el impulso sistemático propio de la modernidad. En el Post Scriptum, que sigue con el seudónimo como autor y con Kierkegaard como el editor, nos encontramos con la división de la existencia en tres estadios: el estético, el ético y el religioso. La “progresión” de un estadio no se puede entender como una secuencia gradual, sino que se muestra como un cambio de cualidad. En este salto, ocurre una reapropiación del estadio anterior, pero desde el horizonte nuevo. Así, la temporalidad desgranada que gobierna la existencia en el nivel estético es resignificada por la continuidad que otorga el deber que surge con la conciencia ética y, a su vez, la ética es luego recompuesta al introducirse la paradoja del cristianismo, que indica la posibilidad de la relación del sujeto con Dios.

Algo que se puede perder de vista cuando nos concentramos en el enfoque tan marcadamente religioso-existencial del Post Scriptum, es que también entraña una crítica a la ausencia de ética en la que ha caído la modernidad en exceso reflexiva. Aunque sabemos por la literatura especializada más reciente que las desavenencias de Kierkegaard con Hegel han sido en muchos casos mal leídas, de todas formas nos topamos con Johannes Climacus hablando explícitamente del sistema hegeliano en esta línea: “[...] el sistema hegeliano en su distracción avanza y se vuelve un sistema de la existencia, y todavía más, queda terminado – sin tener una ética (la casa misma de la existencia)”[5]. Lo que se ha perdido es la disposición moral que entiende la propia vida como una responsabilidad que debe ser asumida por cada sujeto en cada caso. Este compromiso termina reemplazado por una abstracción que se satisface en tener un conocimiento amplio de la realidad, pero sin espacio para la morada existencial. Si los estadios se absorben en el salto cualitativo y la primera conciencia de lo ético es necesaria para abrir la disposición a lo religioso, sin la noción del compromiso existencial se pone en peligro la llegada auténtica al cristianismo. Johannes Climacus reconoce entonces que “me quedó claro que el error de la especulación y, fundado en él, de su presunto derecho a reducir a la fe a mero momento no puede ser algo casual, pues tiene que radicar en toda la tendencia de la época. Y, en efecto, radica en que, después de todo, entre la copiosidad de saberes se ha olvidado qué es existir y cuál debe ser el significado de la interioridad[6].

Este espíritu crítico de la modernidad lo vemos en todo su despliegue en la pequeña reseña que Kierkegaard tenía contemplada como el cierre definitivo de su carrera como escritor. En 1845, Thomasine Gyllembourg publicó una novela titulada Dos épocas. Gyllembourg había ya publicado una serie de obras de manera anónima, con la figura declarada de su hijo Johan Ludvig Heiberg como editor. Heiberg, por su parte, era uno de los más importantes representantes del hegelianismo en Dinamarca y había sido un referente para Kierkegaard en su juventud. Kierkegaard persiguió la aprobación de Heiberg sin nunca conseguirla. En Dos épocas, Gyllembourg expone la contraposición entre la “época revolucionaria” (fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX) y la “época presente”, más estable y más aburguesada. Esto llamó profundamente la atención de Kierkegaard, al punto de que su reseña abarca más de cien páginas. Dado que la novela de Gyllembourg no logró salir en traducción al mundo germano o angloparlante, el distinto editorial fuera de Dinamarca de la recensión de Kierkegaard fue particular. Lo que se hizo fue tomar solo una parte de la obra: la segunda sección del último capítulo. Esta porción llevaba por título “La época presente” y, en gran medida, es una reflexión, aunque influenciada por supuesto por la novela reseñada, independiente que hace Kierkegaard sobre los vicios de la modernidad excesivamente reflexiva. La misma práctica selectiva se repitió en español. Si bien en 2022 apareció la primera versión completa de la reseña[7], el apartado que sigue siendo foco de atención es el que ha circulado como una influyente separata en su propio mérito.

De acuerdo con Kierkegaard, la época presente, trastocada por el liberalismo burgués y el conservadurismo aristocrático, “es esencialmente sensata, reflexiva, desapasionada, encendiéndose en el fugaz entusiasmo e ingeniosamente descansado en la indolencia”[8]. Lo que se deja de lado, como ya explicitábamos con el Post Scriptum, es la decisión existencial, cuestión que se reemplaza por la satisfactoria seguridad que da la anticipación reflexiva. Con esto, la vida pierde elasticidad, porque se juega no en el terreno concreto, que tensa constantemente los proyectos vitales, sino en la abstracción. Y la abstracción termina por borrar la figura del sujeto responsable de sus propias elecciones. Esta borradura vuelve posible un fenómeno moderno del que Kierkegaard fue precisamente una víctima: el público. El público es nadie y todos al mismo tiempo, es la masa indiferenciada que aparenta ostentar una opinión, pero que se vuelve intocable cuando se trata de encontrar a alguien que asuma la responsabilidad. Las obligaciones individuales se difuminan cuando el público aparece y ataca a través de la prensa, el medio de expresión que la modernidad ha asentado para su nueva creación. En el público, lo que reina es la nivelación de las diferencias, cuestión propia de la especulación, y lo que se castiga es la excepción. Luego, la envidia niveladora es la encargada de retener a quienes intenten sobresalir.

Al cumplirse 180 años desde la publicación del Post Scriptum y de la reseña literaria en 2026, nos pareció importante resaltar, desde la producción hispanohablante, el lugar que ocupan estos textos en el complejo plexo creativo de Kierkegaard. Hasta ahora hemos resaltado sus aspectos más críticos, pero también vale la pena volver la mirada hacia las propuestas que el mismo Kierkegaard posibilita con su crítica y hacia las perspectivas que podamos tomar a partir de ella para pensar nuestra situación hoy. Este dossier reúne seis artículos, todos ellos escritos por especialistas kierkegaardianos de renombre, que buscan echar luces sobre las dos obras que marcan el punto de inflexión en el pensamiento de Kierkegaard.

La investigación titulada “La extensión de la locura”, de Ángel Viñas Vera, se toma del Post Scriptum y analiza la locura no como un fenómeno médico o psiquiátrico, sino como una categoría esencialmente espiritual y filosófica. El estudio sostiene que la locura en la obra de Kierkegaard está vinculada a la interioridad, entendida como la estructura antropológica que define al ser humano. El análisis distingue dos formas fundamentales de demencia: el “delirio de la interioridad”, en el que la pasión del sujeto se fija erróneamente en un objeto finito, y la “ausencia de interioridad” o locura objetiva. Esta última es descrita como una “locura repetitiva/papagayesca”, en la que el individuo repite verdades universales y resultados científicos sin ningún tipo de apropiación personal ni existencia real en lo que dice. El trabajo advierte que esta forma de locura “objetiva” representa a un individuo alienado que ha perdido su identidad al convertirse en un mero producto artificial de la cultura dominante. Desde esta perspectiva, la verdad histórica y el acercamiento intelectual al cristianismo se consideran insuficientes si no pasan por la pasión personal y la incertidumbre radical del existente. El estudio concluye que la locura es una posibilidad humana transversal que ilumina la crisis de un mundo que ha olvidado qué significa existir y que califica de “loco” a quien busca vivir su fe con una pasión infinita.

En la línea de la reseña a Dos épocas, el artículo “La crítica de Kierkegaard a la prensa liberal en 1835-1836: el debate con Ostermann, Lehmann y Hage”, de Nassim Bravo, explora los antecedentes de la postura polémica de Kierkegaard frente a los medios de comunicación. Bravo demuestra que la hostilidad de Kierkegaard no fue un exabrupto tardío, sino que nació de su incipiente pensamiento existencial durante sus años de formación. El análisis se centra en escritos de 1835 y 1836, en los que Kierkegaard criticó la tendencia de la prensa liberal a importar modelos políticos extranjeros, como los franceses, sin considerar si armonizaban orgánicamente con la tradición y el carácter de la identidad danesa. Bravo destaca que el joven Kierkegaard ya advertía sobre el fenómeno de la “nivelación”, un proceso impulsado por la prensa que borra la singularidad del individuo para convertirlo en una “multitud sin rostro”. Para Kierkegaard, la verdadera reforma no debía ser meramente política o externa, sino basada en el desarrollo artístico, filosófico y espiritual del individuo. Bravo concluye que esta temprana batalla periodística revela a un pensador preocupado por la autenticidad y la pasión, denunciando la “cobardía y tibieza” de los reformistas que se ocultaban tras el anonimato de la prensa para imponer una forma política sobre una idea de vida aún no madurada en el pueblo.

El estudio titulado “El peligro sociopolítico contemporáneo y su correctivo ético-religioso: lectura de Una recensión literaria de Søren Kierkegaard”, compuesto por Ángel Garrido Maturano, reconstruye el análisis kierkegaardiano de las épocas para aplicarlo a la crisis de la sociedad actual. Garrido Maturano describe nuestra época como una peligrosa fusión entre el apasionamiento revolucionario y la reflexión calculadora, resultando en una sociedad “apasionadamente reflexiva”. En este contexto, el individualismo se ha convertido en una militancia egoísta orientada al éxito y al dominio de medios como el dinero y la tecnología, lo que paradójicamente masifica a los seres humanos bajo la lógica del mercado. Como correctivo ético-religioso, el trabajo propone la recuperación de la categoría del “existente particular ante Dios”, lo que implica un compromiso apasionado con el bien absoluto frente a la nivelación de las redes sociales y el dominio de lo público. Este correctivo sugiere que la verdadera igualdad no nace de la homogeneización, sino de la justicia entendida como una armonía de particularidades. Allí, cada individuo asume la responsabilidad de su propio espíritu. Garrido Maturano concluye que únicamente mediante un “amor que no busca lo suyo” es posible transformar las relaciones sociales y enfrentar la corrupción espiritual que caracteriza al presente.

Por su parte, y también a propósito de la crítica cultural, el artículo “Libertad intelectual, individualidad e ilusión colectiva. Mill, Tocqueville y Kierkegaard ante la primera cultura de la cancelación”, escrito por Manfred Svensson, ofrece una defensa de la libertad intelectual basada en un diagnóstico de época que trasciende los compromisos ilustrados tradicionales. Svensson analiza cómo John Stuart Mill, Alexis de Tocqueville y Kierkegaard abordaron a mediados del siglo XIX la irrupción de la opinión pública como una nueva forma de tiranía. Mientras Mill confía en el debate para fortalecer la verdad y Tocqueville advierte sobre una tiranía que “va derecha al alma” mediante la exclusión social, Kierkegaard aporta una elevada conciencia sobre el problema del autoengaño y las “ilusiones colectivas”. Svensson destaca que, para Kierkegaard, la libertad de discusión es insuficiente si no se lucha contra el anonimato del “público”, esa abstracción impersonal que disuelve la responsabilidad individual. El trabajo sugiere que la actual “cultura de la cancelación” puede iluminarse desde la sospecha kierkegaardiana hacia la charlatanería y la nivelación, proponiendo la comunicación indirecta como una herramienta necesaria para disipar errores que la sociedad desea mantener. Svensson concluye que la libertad intelectual requiere no solo tolerancia, sino una resistencia activa contra la masificación y un compromiso profundo con la propia interioridad.

De vuelta al Post Scriptum, el artículo “La subjetividad es el error: Søren Kierkegaard y Markus Gabriel en diálogo neoexistencial”, de María José Binetti, pone en relación la tesis de que “la subjetividad es la verdad” con la afirmación contemporánea de Gabriel sobre la falibilidad radical del sujeto. El trabajo explica que ambas posturas convergen en una ontología de la libertad, en la que la posibilidad del error, la culpa y el autoengaño son determinaciones estructurales de una existencia incompleta. Binetti fundamenta este diálogo en el concepto de potencia (Potenz) de Schelling, argumentando que el sujeto es libre precisamente porque puede y no puede ser a la vez, lo que lo sitúa en un estado de incertidumbre y devenir constante. La investigación describe la subjetividad como una “incompletitud ontológica” atravesada por la transfinitud: el individuo nunca coincide plenamente con su poder y debe decidirse continuamente entre el sentido y el sinsentido. El espíritu se define aquí como una estructura autorrelacional y negativa que produce cultura e historia a través de la autoactividad del pensamiento. Binetti concluye que la verdad subjetiva es un “poder ser sí mismo” que solo se alcanza asumiendo que el error es la raíz de no querer el propio sí mismo posible, confirmando que la falibilidad es la contracara necesaria de la libertad absoluta.

       Finalmente, rastreando en los albores de la producción kierkegaardiana la distinción y el reclamo por lo ético, el artículo titulado “Ni lo uno ni lo otro”, presentado por Óscar Parcero, analiza la obra de 1843 O lo uno o lo otro para desentrañar el complejo “juego de engaños” y el “secreto” que articulan el inicio de la actividad de escritor de Kierkegaard y que, en esta primera etapa, decantaría en el Post Scriptum y la reseña literaria. El texto sostiene que, más allá de la aparente contraposición entre el estadio estético y el ético, la obra funciona como un dispositivo irónico que conduce al lector hacia un “extravío” o situación límite que aniquila por igual el valor de lo estético y de lo ético. A través del estudio del “Ultimátum”, también rescatado por Binetti, y de la dimensión retórica del texto, la investigación revela que lo religioso no debe entenderse como una simple culminación del progreso ético, sino como una alteridad que reconfigura radicalmente la existencia y sitúa al individuo ante su propia nada para posibilitar el comienzo de una vida personal auténtica y responsable.

       Esperamos que los lectores de este dossier puedan sacar provecho de la investigación especializada centrada en Kierkegaard y en dos obras fundamentales en el desarrollo de su pensamiento, pero, a la vez, nos mueve la posibilidad de traer a la discusión contemporánea algunas nociones kierkegaardianas clave. En los seis artículos compilados se tratan cuestiones como la individualidad, la experiencia religiosa, las estructuras culturales y los vicios sociales, y los desafíos de la organización intersubjetiva. Todas estas aristas demandan una atención especial y Kierkegaard nos puede ayudar a pensarlas.

 

Referencias bibliográficas

Kierkegaard, Søren. Kierkegaard’s Journals and Notebooks. Vol. 2, Journals EE–KK. Editado por Niels Jørgen Cappelørn et al. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2008.

Kierkegaard, Søren. Kierkegaard’s Journals and Notebooks. Vol. 4, Journals NB–NB5. Editado por Niels Jørgen Cappelørn et al. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2011.

Kierkegaard, Søren. Kierkegaard’s Journals and Notebooks. Vol. 9, Journals NB31–NB36. Editado por Niels Jørgen Cappelørn et al. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2019.

Kierkegaard, Søren. La época presente. Traducido por Manfred Svensson. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2001.

Kierkegaard, Søren. Migajas filosóficas o un poco de filosofía. Traducción de Rafael Larrañeta. Madrid: Trotta, 2007.

Kierkegaard, Søren. Post Scriptum no científico y definitivo a Migajas filosóficas. Traducción de Javier Teira y Nekane Legarreta. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2010.

Kierkegaard, Søren. Una recensión literaria. Editado por Leonardo Rodríguez Duplá. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2022.



[1] Søren Kierkegaard, Kierkegaard’s Journals and Notebooks, vol. 2, Journals EE–KK, ed. Niels Jørgen Cappelørn et al. (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2008), 257. Esta entrada corresponde a JJ:415. Las traducciones al español son nuestras.

[2] Søren Kierkegaard, Kierkegaard’s Journals and Notebooks, vol. 4, Journals NB–NB5, ed. Niels Jørgen Cappelørn et al. (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2011), 85. Esta entrada corresponde a NB:114.

[3] Søren Kierkegaard, Kierkegaard’s Journals and Notebooks, vol. 9, Journals NB31–NB36, ed. Niels Jørgen Cappelørn et al. (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2019), 260. Esta entrada corresponde a NB28:54.

[4] Søren Kierkegaard, Migajas filosóficas o un poco de filosofía, trad. Rafael Larrañeta (Madrid: Trotta, 2007), 111. Para la referencia de las obras completas de Kierkegaard en danés (Søren Kierkegaards Skrifter), usaremos la sigla SKS, seguida del volumen y del número de página. En el caso de la nota presente, quedaría así: SKS 4, 305.

[5] Søren Kierkegaard, Post Scriptum no científico y definitivo a Migajas filosóficas, trad. Javier Teira y Nekane Legarreta (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2010), 128. Traducción modificada. SKS 7, 118.

[6] Søren Kierkegaard, Post Scriptum no científico y definitivo a Migajas filosóficas, trad. Javier Teira y Nekane Legarreta (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2010), 241-2. SKS 7, 220. Cursivas en el original.

[7] Véase Søren Kierkegaard, Una recensión literaria, ed. Leonardo Rodríguez Duplá (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2022).

[8] Søren Kierkegaard, La época presente, trad. Manfred Svensson (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2001), 41. SKS 8, 66. Cursivas en el original.