https://doi.org/10.25185/20.5

ARTICULOS

 

La colectividad española en la gira americana de Vicente Blasco Ibáñez: mediaciones culturales en Uruguay y Paraguay[1]

The Spanish Community in Vicente Blasco Ibáñez’s American Tour: Cultural Mediations in Uruguay and Paraguay

A coletividade espanhola na gira americana de Vicente Blasco Ibáñez: mediações culturais no Uruguai e no Paraguai

 

Alicia San Martín Molina

Universidad Complutense de Madrid, España

aliciasanmartin@ucm.es

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-9842-6979

 

Recibido: 18/3/2026 - Aceptado: 21/7/2026

 

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San Martín Molina, Alicia. “La colectividad española en la gira americana de Vicente Blasco Ibáñez: mediaciones culturales en Uruguay y Paraguay”. Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, nº 20, (2026): e205. https://doi.org/10.25185/20.5

 

Resumen: El artículo analiza la gira americana de Vicente Blasco Ibáñez en 1909 a partir de dos escalas habitualmente consideradas secundarias dentro del itinerario rioplatense: Uruguay y Paraguay. Frente a las interpretaciones que han entendido el viaje como una misión intelectual representativa, el estudio lo plantea como una iniciativa cultural de carácter privado basada en la explotación pública del prestigio literario del autor, la movilización de la colectividad española y el uso de la conferencia como formato comercial. Mediante el análisis de fuentes hemerográficas y documentales —con especial atención a la prensa rioplatense y a los periódicos de la colectividad española— se reconstruyen los mecanismos de organización y mediación que hicieron posible la gira, así como las formas de apropiación social del acontecimiento. El contraste entre la experiencia uruguaya, marcada por una recepción desigual entre ciudades como Paysandú, Salto y Montevideo, y la paraguaya, fuertemente institucionalizada, permite mostrar hasta qué punto el funcionamiento de estas iniciativas dependía de las dinámicas locales de legitimación, de la movilización de apoyos y del papel de las redes sociales que sostenían cada llegada.

Palabras clave: Vicente Blasco Ibáñez; mediación cultural; colectividad española; prensa étnica; conferencias públicas; Río de la Plata.

 

Abstract: This article examines Vicente Blasco Ibáñez’s American tour in 1909 through two stages usually considered secondary within the Río de la Plata itinerary: Uruguay and Paraguay. In contrast to interpretations that have understood the journey as a representative intellectual mission, the study presents it as a private cultural initiative based on the public exploitation of the author’s literary prestige, the mobilization of the Spanish community, and the use of public lectures as a commercial format. Through the analysis of hemerographic and documentary sources—with particular attention to Río de la Plata newspapers and to the press of the Spanish community—the article reconstructs the organizational and mediating mechanisms that made the tour possible, as well as the forms of social appropriation of the event. The contrast between the Uruguayan experience, marked by an uneven reception across cities such as Paysandú, Salto, and Montevideo, and the Paraguayan one, which was strongly institutionalised, highlights the extent to which the success of these initiatives depended on local dynamics of legitimation, the mobilisation of support networks, and the role of the social actors who sustained each visit.

Keywords: Vicente Blasco Ibáñez; cultural mediation; Spanish community; ethnic press; public lectures; Río de la Plata.

 

Resumo: O artigo analisa a gira americana de Vicente Blasco Ibáñez em 1909 a partir de duas etapas habitualmente consideradas secundárias dentro do itinerário do Rio da Prata: Uruguai e Paraguai. Em contraste com as interpretações que entenderam a viagem como uma missão intelectual representativa, o estudo a apresenta como uma iniciativa cultural de caráter privado baseada na exploração pública do prestígio literário do autor, na mobilização da coletividade espanhola e no uso da conferência como formato comercial. Mediante a análise de fontes hemerográficas e documentais —com especial atenção à imprensa rio-platense e aos periódicos da coletividade espanhola— reconstruem-se os mecanismos de organização e mediação que tornaram possível a gira, bem como as formas de apropriação social do acontecimento. O contraste entre a experiência uruguaia, marcada por uma recepção desigual em cidades como Paysandú, Salto e Montevidéu, e a paraguaia, fortemente institucionalizada, permite evidenciar em que medida o funcionamento dessas iniciativas dependia das dinâmicas locais de legitimação, da mobilização de apoios e do papel das redes sociais que sustentavam cada chegada.

Palavras-chave: Vicente Blasco Ibáñez; mediação cultural; coletividade espanhola; imprensa étnica; conferências públicas; Río de la Plata.

 

Introducción

A comienzos del siglo xx, las relaciones culturales entre España y las repúblicas latinoamericanas experimentaron una intensificación notable en un contexto marcado por el desarrollo del hispanoamericanismo y por la creciente presencia de comunidades españolas en distintos países del continente. Las celebraciones de los centenarios de las independencias americanas ofrecieron un escenario especialmente propicio para este tipo de intercambios, favoreciendo la llegada de intelectuales españoles —junto a otros visitantes extranjeros— que recorrieron distintos países de América por iniciativa propia o en el marco de invitaciones oficiales e institucionales. Estas estancias adoptaron formas muy variadas: ciclos de conferencias, misiones culturales, proyectos editoriales o simples viajes de observación que posteriormente dieron lugar a crónicas, libros y otros formatos de difusión.

En este contexto debe situarse el viaje de Vicente Blasco Ibáñez al Río de la Plata en 1909, que destacó por su impacto y singularidad[2]. Superó el carácter de un simple ciclo de disertaciones literarias y se integró en un proyecto en el que se entrelazaron intereses culturales, editoriales y empresariales. Constituyó un medio para consolidar su imagen pública, ampliar mercados para su producción editorial y explorar nuevas posibilidades económicas, incluso vinculadas al ámbito agrario, en un continente percibido como espacio de oportunidad. La atención se ha concentrado tradicionalmente en las grandes capitales —especialmente Buenos Aires—, donde la repercusión mediática fue mayor y se produjeron los episodios más conocidos. Sin embargo, las paradas en Uruguay y Paraguay, definidas aquí como periferias en sentido funcional —situadas fuera de los principales centros de consagración cultural—, permiten observar con mayor claridad el funcionamiento organizativo de la gira y el papel de la prensa étnica y de las élites de la colectividad española como intermediarias.[3]

La figura de Blasco Ibáñez ha sido estudiada principalmente desde su condición de novelista, agitador político republicano y difusor de una cultura liberal en la España de la Restauración[4]. En los años previos a su viaje a América, atravesaba además una etapa de intensa actividad literaria y empresarial. Concentró buena parte de sus esfuerzos en consolidarse como escritor, impulsar su proyecto editorial y ampliar la difusión internacional de su obra, al tiempo que procuraba construir una imagen pública más vinculada al literato que al agitador republicano que había marcado su faceta anterior. En las últimas décadas, además, ha crecido el interés por su proyección internacional en América[5], lo que ha ampliado las perspectivas desde las que se ha abordado su trayectoria, si bien el estudio de sus estrategias de inserción en los mercados culturales americanos ha recibido hasta ahora una atención comparativamente menor[6].

Este artículo propone reinterpretar el viaje de 1909 no solo como prolongación de su prestigio intelectual, sino como una práctica organizada según una lógica de emprendimiento cultural, en la que la gestión de su capital simbólico se articuló con la búsqueda de viabilidad material[7]. Entendida como herramienta analítica, esta aproximación permite entender la gira como un proceso relacional cuya eficacia dependía de las redes de apoyo y de las circunstancias locales. A partir de este planteamiento, el objetivo del trabajo es examinar el desarrollo de la gira en Uruguay y Paraguay atendiendo a las condiciones locales de organización y recepción, con el fin de analizar el papel desempeñado por las redes migrantes, las mediaciones locales y las distintas formas de legitimación pública.

En los últimos años, la historiografía americanista sobre la migración española de finales del siglo xix y comienzos del xx ha desplazado progresivamente la atención desde los factores estructurales del fenómeno hacia las experiencias sociales y culturales de los propios emigrantes. Desde la historia y la antropología se ha prestado una atención creciente a las formas de sociabilidad de estas comunidades, al asociacionismo, al liderazgo de sectores destacados de la colectividad y al papel de la prensa étnica[8]. Distintos estudios de caso han mostrado cómo determinados miembros de las comunidades españolas desempeñaron funciones de liderazgo cultural, lo que ha llevado a definirlos como mediadores culturales, categoría aplicada a diplomáticos, intelectuales, periodistas o miembros de asociaciones que, más allá de los cauces oficiales del Estado, facilitaron espacios de encuentro y circulación cultural entre ambas orillas del Atlántico[9]. Dicha mediación fue el soporte que hizo posible el desarrollo de un proyecto impulsado directamente por Blasco Ibáñez.

De acuerdo con lo expuesto, el artículo se estructura en tres apartados. El primero examina el contexto cultural en el que se inscribe el viaje y reconstruye el modelo de funcionamiento de la gira, prestando especial atención al papel de las conferencias, la prensa y las redes que hicieron posible su desarrollo. El segundo se ocupa de la etapa uruguaya y analiza las condiciones locales en las que se organizaron las distintas visitas. El tercero aborda el caso paraguayo, donde la llegada de Blasco Ibáñez adquirió una mayor dimensión institucional y pública.

Desde el punto de vista metodológico, el trabajo se basa en el análisis cualitativo de fuentes hemerográficas y documentales. En concreto, para el caso uruguayo se han consultado principalmente periódicos de la colectividad española[10], complementados con cabeceras rioplatenses y de la prensa española[11]. Para el estudio de la etapa paraguaya, además de estas fuentes, se ha utilizado la compilación Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, que reúne testimonios contemporáneos y valoraciones críticas sobre las intervenciones[12].

1. El modelo cultural de la gira de 1909: organización, prensa y redes de apoyo

La gira americana de Vicente Blasco Ibáñez en 1909 se inscribe en una coyuntura transatlántica marcada por la reconfiguración simbólica de las relaciones entre España y las repúblicas americanas tras el desastre de 1898. La pérdida de las últimas colonias aceleró en el debate cultural español un hispanoamericanismo de nuevo cuño que, con intensidades y orientaciones diversas, buscó un reencuentro cultural y espiritual con América Latina[13]. Este impulso estuvo atravesado por un factor geopolítico decisivo: la creciente hegemonía de Estados Unidos en la región, percibida por amplios sectores intelectuales y políticos como una amenaza para la influencia española en América. En este contexto, el idioma y la cultura se concibieron como instrumentos para reforzar los vínculos y proyectar una presencia renovada en distintos ámbitos —culturales, económicos, sociales, entre otros— en un espacio donde la migración de masas y las redes asociativas de la colectividad desempeñaban un papel fundamental.

Las conmemoraciones de los centenarios de las independencias contribuyeron a intensificar la circulación de intelectuales y a reforzar los vínculos culturales. En este proceso, Argentina —y muy especialmente Buenos Aires, principal centro cultural y editorial del país— se consolidó como epicentro de estos intercambios: su modernización acelerada, la magnitud de la inmigración y la búsqueda de una identidad nacional que rehabilitaba el legado español como parte constitutiva de la nación generaron un terreno especialmente favorable para la acogida de personalidades españolas.

En el caso de Blasco Ibáñez, sin embargo, este marco general no basta para explicar el sentido del viaje. Este debe situarse también en un contexto material, que él mismo se encargó de difundir con anterioridad en los artículos que envió a la revista España, órgano de la colectividad española en Buenos Aires, bajo el título “Embajadores de España”[14]. En ellos aludía a la precariedad estructural del libro español en América, marcada por redes de distribución deficientes, precios elevados y una circulación frecuentemente mediatizada por intermediarios extranjeros. Insistió en que España difícilmente podía competir con potencias como Inglaterra o Alemania en el terreno estrictamente comercial, pero sí ejercer una influencia duradera a través del idioma y de la literatura. Esa proyección cultural debía traducirse, a su juicio, en un comercio editorial beneficioso tanto para quienes lo impulsaban como para la imagen intelectual del país. En este sentido, actuó como un “empresario de las letras”, decidido a intervenir directamente en el mercado americano mediante la promoción de su editorial y de sus obras, convirtiendo su fama literaria en un impulso estratégico para abrir canales de venta y reconocimiento. Se presentó públicamente como representante de una “España intelectual”, cuya capacidad de influencia residía en la cultura más que en una diplomacia formal. La conversación mantenida años atrás con Émile Zola —quien le señaló la magnitud del mercado hispanohablante americano y la conveniencia de “vender por su propia mano”— contribuyó a consolidar esa lectura estratégica del continente como espacio de expansión editorial.

Así pues, su gira americana puede interpretarse como una forma itinerante de intervención cultural, organizada según una estructura relativamente estable que se reprodujo, con adaptaciones, a lo largo del recorrido. Cada escala seguía una secuencia reconocible: llegada y recepción, agasajos sociales, presencia en la prensa, conferencia pública y actos de despedida. Este patrón permitía reducir incertidumbres, facilitar la movilización del público y asegurar la viabilidad de una iniciativa directamente vinculada a la presencia del conferenciante.

El núcleo del modelo fue la conferencia concebida como espectáculo[15]. A diferencia de otros intelectuales españoles que viajaron a América en calidad de profesores universitarios o delegados institucionales, Blasco Ibáñez situó sus intervenciones en circuitos abiertamente mercantiles. Asumió los riesgos económicos, negoció contratos y coordinó la preparación práctica de los actos, actuando como un verdadero gestor de su propia imagen y de su proyecto editorial.

Sus disertaciones se celebraron casi siempre en teatros y estuvieron sometidas a una dinámica de entretenimiento cultural: venta de abonos, publicidad en prensa y una puesta en escena destinada a atraer audiencias amplias y heterogéneas. Esta orientación implicó privilegiar el carácter divulgativo de la exposición y el tono narrativo por encima de la erudición académica. En la práctica, ello se tradujo en la utilización de un repertorio temático relativamente estable —el arte del siglo xix, la novela moderna o “el alma española”— que podía adaptarse a contextos distintos sin exigir una preparación específica para cada auditorio[16]. La reiteración parcial de contenidos formaba parte de la lógica del viaje y contribuía a garantizar la claridad del mensaje y la continuidad del itinerario.

En este proceso desempeñó un papel decisivo la prensa étnica y generalista, que no se limitó a informar sobre la gira, sino que participó activamente en la promoción y difusión. Periódicos como El Diario Español de Buenos Aires o de Montevideo crearon expectativas, legitimaron la figura del conferenciante, promovieron la venta de entradas y dotaron a cada escala de un marco simbólico favorable. Gracias a esta cobertura, Blasco Ibáñez fue presentado de forma reiterada como representante de la “España moderna”, lo que permitió transformar su proyecto en un acontecimiento con significado colectivo para las comunidades emigrantes.

Esta labor de mediación incluyó también un esfuerzo deliberado por encauzar su imagen pública. Meses antes de su llegada a América, diversos medios insistieron en presentar el viaje como una iniciativa estrictamente literaria, desligada de cualquier finalidad política. Esto respondía asimismo a los intereses de la propia colectividad, cuyos dirigentes eran conscientes de que la dimensión política del escritor podía generar tensiones en determinados contextos. De este modo, su figura se convirtió en un recurso simbólico que utilizaron para reforzar su visibilidad pública y proyectar una imagen de cohesión cultural ante las sociedades de acogida. El artículo de Gómez de Baquero, reproducido por El Diario Español de Buenos Aires, lo formulaba con claridad al afirmar que Blasco Ibáñez no viajaba “en republicano”, sino “en literato y en español”[17]. En esa misma línea, se contribuyó a familiarizar al público con su obra mediante la publicación y promoción de novelas como La barraca o Cañas y barro.

Junto a la prensa, la organización de la gira descansó en una red de mediación cultural integrada por dirigentes asociativos, periodistas, profesionales liberales y autoridades locales, que facilitaban espacios, promovían recepciones, movilizaban públicos e introducían al visitante en los circuitos culturales y sociales de cada ciudad[18]. En localidades alejadas de los grandes centros culturales, el éxito estuvo en gran medida ligado a la actuación de estos valedores.

Esta misma configuración revelaba, sin embargo, una fragilidad estructural inherente a su funcionamiento. Todo el entramado dependía de un elemento insustituible: la celebración efectiva de la conferencia. A diferencia de iniciativas sostenidas por instituciones académicas o redes diplomáticas estables, este emprendimiento concentraba en una sola figura la totalidad del capital simbólico y de la capacidad de ejecución, lo que convertía cada intervención en un acontecimiento no reproducible ni delegable. En tales condiciones, cualquier imprevisto —enfermedades, retrasos o tensiones locales— podía poner en riesgo la materialización del acto, como evidenciaría la suspensión de las sesiones programadas en Montevideo.

Desde el punto de vista económico, la gira combinó beneficios inmediatos y proyecciones a medio plazo. Las conferencias generaban ingresos directos mediante la taquilla y funcionaban como plataformas de promoción editorial, pero también como escaparates que reforzaban la visibilidad del conferenciante y facilitaban nuevas invitaciones. El éxito obtenido en Argentina, especialmente en Buenos Aires, favoreció que otras localidades —e incluso otros países— se interesaran por organizar nuevas disertaciones, como ocurrió en los casos de Uruguay y Paraguay.

2. Uruguay: organización local y recepción desigual

Uruguay formó parte del proyecto inicial del viaje. Diversos medios anunciaron incluso la posible inclusión de Brasil; sin embargo, Blasco Ibáñez no llegó finalmente a disertar allí y su paso se limitó a un breve tránsito en dirección a Buenos Aires. La escala paraguaya, en cambio, se incorporó al itinerario cuando este se encontraba ya avanzado. La estancia uruguaya se desarrolló a través de un conjunto de visitas breves, estrechamente vinculadas al circuito del litoral argentino. Esta situación pone de manifiesto que el recorrido podía producir resultados desiguales incluso en espacios próximos a los grandes centros del circuito rioplatense.

Desde finales del siglo xix, Uruguay se había consolidado como uno de los principales destinos de la emigración española en el Cono Sur. Aunque numéricamente inferior a la radicada en Argentina, la colectividad en el país presentaba una estructura asociativa sólida y una presencia social relevante, especialmente en Montevideo. Sociedades de socorros mutuos, centros regionales, círculos recreativos y una prensa propia conformaban un entramado institucional que actuaba como espacio de cohesión identitaria y como plataforma de proyección pública de la comunidad. En ese tejido destacó de manera particular El Diario Español de Montevideo, que se convirtió en el principal órgano de expresión de la colonia y en un actor decisivo en la difusión de la visita. El seguimiento comenzó meses antes de su llegada. Desde la primavera de 1909, este periódico fue construyendo un relato expectante que presentaba a Blasco Ibáñez como “gloria de las letras españolas” y como auténtico representante espiritual de la nación; su viaje fue descrito en términos de “embajada intelectual”. Esta construcción discursiva formó parte de un proceso deliberado de movilización de la colectividad y de legitimación[19].

La primera parada tuvo lugar en Paysandú el 10 de agosto de 1909[20]. Procedente de Argentina, llegó a la ciudad en un momento en el que su fama como conferenciante ya estaba plenamente consolidada al otro lado del río. No obstante, el recibimiento fue modesto y puso de manifiesto los límites del modelo organizativo cuando los apoyos disponibles resultaban débiles o poco representativos, a pesar de que la Sociedad Española de Socorros Mutuos realizó un llamamiento tanto al “público nacional como extranjero” para que acudiera a recibirlo[21]. Las crónicas señalaron que los únicos acompañantes del escritor en su carruaje eran personas que habían solicitado la ciudadanía uruguaya, circunstancia que la prensa étnica interpretó como una falta de representación genuina de la colonia[22]. La conferencia celebrada en el Teatro El Progreso bajo el título “Grandes artistas del siglo xix” registró una concurrencia limitada y, según las fuentes trabajadas, la presencia del asociacionismo español también fue aquí claramente insuficiente[23]. El Diario Español de Montevideo recogió una nota firmada por Camilo Flores que cuestionaba el éxito proclamado por la prensa local y ofrecía una imagen muy distinta del acto, lo que confirma que la movilización del público dependió menos del prestigio previo que de la capacidad organizativa[24]. El episodio de Paysandú evidencia las dificultades que acompañaron esta primera parada.

Solo dos días después, el 12 de agosto, el valenciano llegó a la ciudad de Salto, donde el resultado fue radicalmente distinto. Aquí la organización se activó con mayor eficacia gracias a una gestión cohesionada que reprodujo la secuencia habitual de la gira y contó con un apoyo social e institucional más favorable. El recibimiento en la estación contó con la presencia de autoridades municipales, representantes del consulado español, directores de periódicos locales y un nutrido grupo de estudiantes. La presencia de una banda militar y el engalanamiento del puerto otorgaron al acto un marcado carácter ceremonial. El programa social incluyó banquetes, visitas institucionales y encuentros con personalidades políticas y culturales[25]. La conferencia se celebró en el Teatro Larrañaga bajo el título “La novela moderna” y contó con una concurrencia numerosa y socialmente diversa[26]. Las crónicas destacaron la elocuencia del conferenciante y su defensa de una literatura con función social. Aunque el contenido no difería sustancialmente del ya expuesto en otras intervenciones, la buena respuesta del público y la eficacia de la organización local hicieron de la estancia un éxito.

La capital uruguaya estaba llamada a ser la culminación de la etapa oriental[27]. A mediados de diciembre, cuando Blasco Ibáñez se encontraba en la recta final de su periplo americano, la ciudad se preparó para recibirlo con gran expectativa. La prensa anunció un ciclo de cuatro conferencias en el Teatro Urquiza y la venta de abonos registró una demanda muy elevada[28]. La recepción en el puerto siguió el ritual habitual y el escritor fue alojado en el Hotel Lanata, donde recibió numerosas visitas por parte de miembros destacados de la colectividad[29]. El interés despertado en los círculos de la alta sociedad, y en particular entre el público femenino, llevó a los organizadores a subrayar que el conferenciante mantendría un tono respetuoso con todas las creencias. La advertencia buscaba evitar que se lo identificara con su antiguo perfil de político republicano, anticlerical y combativo. Estrategias similares de neutralización fueron también visibles durante su paso por Argentina y Chile[30].

Sin embargo, Montevideo se convirtió en el escenario donde se hizo más visible la fragilidad del modelo. La primera conferencia, prevista para la noche del 14 de diciembre, tuvo que ser suspendida a última hora debido a una indisposición repentina del escritor, a pesar de que la mayoría de las entradas ya habían sido vendidas[31]. En los días siguientes no fue posible reanudar el programa y Blasco Ibáñez abandonó la ciudad sin haber pronunciado ninguna de las disertaciones previstas. El episodio confirmó así la vulnerabilidad estructural previamente señalada.

El contraste entre Paysandú, Salto y Montevideo revela la heterogeneidad interna de la experiencia uruguaya dentro de esta gira. En Paraguay, sin embargo, el viaje adquirió características sensiblemente distintas.

3. Paraguay: institucionalización de la visita y tensiones del modelo cultural

La etapa paraguaya pone de manifiesto la complejidad del emprendimiento cultural analizado. Aquí, la estancia se desarrolló en un marco de fuerte institucionalización, con un grado de implicación política y social que la transformó en un acontecimiento público de alcance estatal. Esta singularidad permite apreciar el potencial simbólico del proyecto y los desajustes ideológicos que acompañaron su evolución.

La invitación para que Blasco Ibáñez visitara Paraguay fue resultado directo de la intervención de Viriato Díaz-Pérez, principal mediador cultural[32]. Español residente en el país desde 1906 e integrado en los círculos políticos e intelectuales locales, conocía el éxito que el novelista cosechaba en Argentina y se trasladó personalmente a Corrientes para proponerle la extensión del itinerario a Asunción. Esta iniciativa se explica por su sólida inserción en la élite paraguaya y por vínculos familiares de gran peso social.

En los días previos a la llegada del escritor publicó en la prensa un extenso artículo destinado a preparar un “recibimiento glorioso”, en el que lo presentaba como un “representante del gran arte contemporáneo”, destacando tanto su fama europea como su pasado de luchador republicano[33]. En esa misma línea, destacó que el novelista no solo contaba con un reconocimiento consolidado en España, sino que había sido traducido y editado en numerosos países europeos. Recordó además que su nombre figuraba en los catálogos de grandes editoriales junto al de escritores de primer orden como el italiano Gabriele D’Annunzio y los franceses Anatole France y Pierre Loti. La elección de estos referentes no fue casual. Se trataba de autores de enorme prestigio internacional y, en el caso de los franceses, de figuras especialmente influyentes en el campo cultural latinoamericano de comienzos del siglo xx, donde la literatura francesa ocupaba un lugar central como modelo de distinción intelectual.

Con el mismo propósito, reunió y difundió opiniones elogiosas sobre la obra de Blasco Ibáñez procedentes de reconocidos escritores de ambos lados del Atlántico: el poeta nicaragüense Rubén Darío como máximo representante del modernismo hispanoamericano, los argentinos José León Pagano y Carlos Antonio Bunge, y el crítico húngaro Max Nordau. Este esfuerzo propagandístico respondía a una estrategia de legitimación orientada a elevar la llegada del escritor por encima de su dimensión comercial, situándola simultáneamente en dos planos complementarios: como un acontecimiento de relevancia nacional para Paraguay y, al mismo tiempo, como un hecho cultural de proyección internacional, destinado a presentarlo como una figura de primer nivel dentro del circuito literario transnacional.

Este protagonismo otorgado a figuras extranjeras respondía a un contexto en el que las élites paraguayas percibían estas visitas como instrumentos de proyección internacional y modernización[34]. El país atravesaba por entonces un momento de notable dinamismo cultural, aunque acompañado de una inestabilidad política que se traducía en gobiernos efímeros[35]. En ese escenario, las élites paraguayas vieron en la presencia de figuras como Blasco Ibáñez una oportunidad para reforzar la imagen del país[36]. De ahí que estos viajeros ilustres fueran tratados con honores excepcionales y que sus impresiones, difundidas posteriormente a través de la prensa y de publicaciones, se percibieran como más eficaces que las gestiones diplomáticas convencionales.

En ese clima de expectativas políticas y culturales —y con implicaciones muy concretas para la viabilidad del viaje se inscribe también la percepción personal del propio Blasco Ibáñez sobre la escala paraguaya. Su correspondencia privada permite apreciar que la realización de la visita estaba sujeta a circunstancias imprevistas. En una carta dirigida a su esposa desde Corrientes el 21 de agosto de 1909, manifestaba su preocupación ante la inestabilidad política del país:

Mañana salgo para Asunción capital de la República del Paraguay, y estaré allí una semana. Soy el primer hombre célebre que la visita, y hay esperanzas de ganar mucho. Lo malo es que se está preparando una revolución contra el gobierno, y corro peligro de que me pille allí. Aquí mismo, en Corrientes, se están preparando los emigrados paraguayos para invadir el territorio. Y si derriban al gobierno sacaré muy poco, pues es este el que me invita a ir[37].

 

La misiva confirma hasta qué punto el proyecto podía verse afectado por cambios políticos inmediatos, capaces de comprometer tanto el desarrollo de las conferencias como los beneficios económicos esperados.

Tras estas incertidumbres previas, el 25 de agosto de 1909 arribó a Asunción a bordo del vapor Corumbá. Desde el primer momento fue tratado con honores equivalentes a los de un jefe de Estado. Dos comisiones creadas específicamente para la ocasión —la Comisión Nacional paraguaya, presidida por Juan Silvano Godoi, y una Comisión Española encabezada por José Gimeno— salieron a su encuentro y lo escoltaron hasta el puerto, donde lo esperaba una multitud considerable. En el salón de la aduana, Juan Silvano Godoi le dio la bienvenida en nombre de la intelectualidad paraguaya, presentándolo como “pontífice del verbo y de la ciencia nueva en la civilización de Occidente”. Su alocución fue mucho más que un saludo protocolario: constituyó una explícita reivindicación de los lazos históricos y culturales con España. Godoi evocó la antigua pertenencia del Paraguay al ámbito del “poderío castellano”, afirmó que “perdurables vínculos nos identifican con la madre patria en anhelos, afectos y sentimientos comunes” y subrayó que España seguía siendo, para las repúblicas americanas, una referencia moral y cultural de primer orden[38]. Al recordar que diecinueve naciones americanas compartían el “más rico y armonioso de los idiomas”, el orador inscribía la visita en una narrativa de comunidad hispánica transatlántica, donde la cultura y la lengua actuaban como elementos de continuidad histórica.

Este discurso muestra que la escala paraguaya también se desarrolló en un contexto de reactivación de los vínculos con España, en sintonía con el clima hispanoamericanista de comienzos del siglo xx. La presencia del novelista era interpretada no solo como la llegada de un escritor célebre, sino como un gesto de acercamiento cultural entre dos espacios unidos por una herencia compartida. Blasco Ibáñez respondió a estas palabras con una intervención en la misma línea, en la que comparó la resistencia paraguaya durante la Guerra de la Triple Alianza con episodios heroicos de la historia española como Numancia o Zaragoza, apelando así a una épica común que reforzaba la imagen de fraternidad evocada por su anfitrión[39].

La recepción oficial incluyó encuentros al más alto nivel. El novelista fue recibido por el presidente Emiliano González Navero y por varias figuras destacadas del gabinete liberal —Manuel Gondra, Adolfo Riquelme y Manuel Franco—, entre ellas futuros presidentes de la República. Se le ofreció el coche presidencial para recorrer algunos de los lugares más representativos de Asunción y se organizó en su honor un banquete al que asistieron autoridades políticas, intelectuales y representantes de la colectividad española. Este despliegue ceremonial revela que la élite paraguaya interpretó la visita como una forma de “diplomacia cultural”, de modo que el proyecto personal de Blasco Ibáñez adquirió la apariencia de una verdadera “embajada literaria”.

El peso de la dimensión política de la visita estuvo estrechamente ligado al pasado republicano del escritor. Antes incluso de su llegada, la prensa local había construido su imagen como la de un héroe de la libertad. Los artículos promovidos por Díaz-Pérez recordaban sus persecuciones en España, sus numerosas elecciones como diputado y el episodio en el que estuvo a punto de ser fusilado por un consejo de guerra. Este relato biográfico funcionó como un recurso eficaz de identificación política que lo vinculaba simbólicamente con los ideales del liberalismo paraguayo. En el Teatro Nacional, Cecilio Báez lo presentó como un “apóstol de la libertad y de la justicia” y como un “digno émulo de Hugo y Zola en el glorioso empeño de la redención social”[40]. De este modo, su trayectoria política se convirtió en un elemento central para explicar la expectativa generada entre las élites y el público.

Las conferencias constituyeron el núcleo de la estancia. La primera de ellas, titulada “El arte en el siglo xix”, se celebró ante un teatro completamente lleno y fue interrumpida en varias ocasiones por las ovaciones del auditorio. Las crónicas destacan la heterogeneidad social del público y la notable asistencia femenina, así como el entusiasmo generalizado que llevó a solicitar expresamente una segunda disertación. Desde el punto de vista temático, recurrió a un repertorio ya ensayado en otras etapas de la gira —referencias a Víctor Hugo, Balzac, Zola o Wagner, comentarios sobre la pintura y la literatura europeas—, en un registro divulgativo acorde con la composición diversa del auditorio. Esta reiteración respondía a la lógica del formato itinerante, pero también abrió el espacio para valoraciones críticas.

Fue precisamente en este punto donde comenzaron a hacerse visibles algunas tensiones del modelo. El contraste entre la expectativa ideológica generada por su pasado republicano y la prudencia de su discurso se hizo pronto visible en sus intervenciones. El periodista catalán Pedro Sayé formuló la crítica más dura al acusar al novelista de haber “renegado de sus propios ideales”. Se mostró especialmente indignado por su actitud al presentar las caricaturas satíricas de Goya, cuando se excusó ante el público afirmando: “No me culpéis a mí de la intención…culpad a Goya”[41]. Para Sayé, esta cautela resultaba impropia de quien había sido en España un “revolucionario fogoso, el masón enemigo de todas las religiones, el paladín que combate los viciosos atavismos y las rancias tradiciones”[42]. En su interpretación, esa moderación respondía menos a una convicción personal que a un cálculo estratégico: habría optado por evitar temas conflictivos para asegurar la buena acogida del público. Consideraba que tal prudencia era innecesaria en el contexto paraguayo, donde, a su juicio, existía un ambiente suficientemente abierto para aceptar planteamientos más audaces. Se ponía así de manifiesto uno de los conflictos centrales del viaje: la subordinación del discurso político e intelectual a las exigencias de un emprendimiento cultural concebido, ante todo, como espectáculo público.

La segunda conferencia, “El alma española a través de los siglos”, estuvo marcada por un acontecimiento personal que afectó decisivamente a su desarrollo. Apenas una hora antes del acto, Blasco Ibáñez recibió la noticia del fallecimiento de su padre. A pesar del impacto emocional, decidió no suspender la intervención porque el Teatro Nacional se encontraba completamente lleno, tal como explicó a su esposa en una misiva posterior[43]. Las crónicas contemporáneas, y en particular la del poeta paraguayo Daniel Aubert, dejaron constancia del estado de ánimo del conferenciante y de la influencia que esa circunstancia tuvo en su desempeño. Según estos testimonios, el valenciano abordó los grandes temas de la historia y la cultura españolas de manera más esquemática y contenida de lo habitual, sin la brillantez oratoria que había caracterizado otras disertaciones de la gira y sin lograr desarrollar con amplitud argumentos como la defensa de España frente a la Leyenda Negra. Este episodio pone de relieve la vulnerabilidad de un formato cuya ejecución dependía en gran medida del propio conferenciante.

Como había ocurrido también en Uruguay, periódicos vinculados a la colectividad española anunciaron que Blasco Ibáñez, al concluir su periplo por América, dedicaría un capítulo específico al país en la obra que tenía pensada escribir sobre Sudamérica[44]. Sin embargo, ese propósito inicial no llegó a materializarse. El libro finalmente publicado se centró exclusivamente en la Argentina, lo que le permitió volver al país en 1910 con el objetivo de culminar el proyecto iniciado en el primer viaje. Pese a ello, la experiencia paraguaya dejó una huella intelectual duradera en su imaginario, como muestran varios proyectos literarios posteriores. Como ha señalado Peiró Barco, el cuento Las plumas del caburé se ambienta en Paraguay. El propio autor proyectó además una obra titulada Murmullos de la selva, que habría transcurrido entre Corrientes, Misiones y el sur paraguayo, aunque nunca llegó a escribirla[45]. Así pues, la gira no se agotó en sus resultados inmediatos, sino que formó parte de un horizonte creativo más amplio, en el que el contacto con la realidad paraguaya se integró, al menos como intención, en los planes literarios del autor. En conjunto, la estancia en Paraguay fue percibida como un triunfo social y ceremonial.

Conclusiones

El análisis de las etapas uruguaya y paraguaya permite reconsiderar las interpretaciones que han tendido a presentar el viaje americano de Vicente Blasco Ibáñez en clave casi exclusivamente intelectual o representativa. Ambos casos ponen de manifiesto que su desarrollo dependió de manera decisiva de las condiciones concretas de cada escenario: la capacidad de articular apoyos locales, la implicación de la colectividad española, el papel de la prensa y el tipo de reconocimiento público construido en torno al conferenciante. Desde esta perspectiva, el itinerario no aparece como una secuencia homogénea, sino como la aplicación de un mismo modelo organizativo en contextos distintos, lo que dio lugar a dinámicas diversas y resultados desiguales.

Las diferencias observadas entre ambos escenarios permiten apreciar con mayor nitidez el funcionamiento de ese modelo. En el espacio uruguayo, la diversidad de situaciones registradas entre Paysandú, Salto y Montevideo pone de relieve hasta qué punto la llegada de una figura prestigiosa no garantizaba por sí sola el éxito de la convocatoria. Allí donde la organización resultó más débil o la movilización de apoyos fue limitada, afloraron con claridad las fragilidades de una iniciativa sustentada en gran medida en la presencia efectiva del escritor y en la correcta activación de los dispositivos locales de acogida. En Paraguay, en cambio, la visita adquirió una proyección mucho más amplia al integrarse en un marco de recepción fuertemente oficializado, capaz de elevarla al rango de acontecimiento público de alcance nacional.

En conjunto, los resultados del estudio confirman que la empresa impulsada por Blasco Ibáñez se sostuvo en un delicado equilibrio entre prestigio literario, promoción personal, mediación social y viabilidad material. Su desplazamiento por América no respondió únicamente a la lógica de la consagración cultural, sino también a una forma de intervención orientada a rentabilizar su notoriedad como autor, ampliar su presencia en el mercado editorial hispanoamericano y reforzar su posicionamiento público a ambos lados del Atlántico. En este sentido, el caso analizado permite situar el viaje dentro de procesos más amplios de profesionalización de la actividad intelectual y de mercantilización de la cultura en las primeras décadas del siglo xx.

Al mismo tiempo, la escala paraguaya revela una de las tensiones centrales del recorrido: la distancia entre la imagen proyectada en la antesala de su llegada y el tono finalmente adoptado en las conferencias. Cuanto mayor fue la carga simbólica y política depositada sobre el visitante, más visible se hizo la necesidad de ajustar el discurso a las expectativas del auditorio y preservar la eficacia del acto público. Lejos de ser un elemento secundario, esta cautela formó parte de la propia lógica del viaje y permite comprender mejor las limitaciones de este tipo de intervenciones cuando dependían de públicos heterogéneos, mediadores diversos y contextos políticamente sensibles.

Por último, el trabajo sugiere que el interés histórico de estas estancias no se agota en el episodio puntual de las conferencias ni en su balance inmediato. Su estudio permite observar de qué manera las redes migrantes, la prensa de la colectividad y ciertos agentes locales contribuyeron a convertir una iniciativa privada en un hecho cultural dotado de resonancia pública. Asimismo, invita a seguir profundizando en las fuentes que permiten reconstruir estas circulaciones, mediante el análisis de correspondencia, archivos editoriales y trayectorias de intermediarios concretos. Desde una perspectiva más amplia, estas experiencias permiten comprender mejor cómo se articularon, en los comienzos del siglo xx, nuevas formas de relación cultural entre España y América a través de actores, circuitos y estrategias que desbordaban los cauces diplomáticos convencionales.

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Contribución de los autores (Taxonomía CRediT):

1.  Conceptualización, 2.  Curación de datos, 3. Análisis formal, 4. Adquisición de fondos, 5. Investigación, 6. Metodología, 7. Administración de proyecto, 8. Recursos, 9. Software, 10.  Supervisión, 11.  Validación, 12.  Visualización, 13.  Redacción - borrador original, 14.  Redacción - revisión y edición.

A. S. M. M. ha contribuido en: 1, 2, 3, 5, 6, 9, 11, 13, 14.

 

Disponibilidad de datos:

El conjunto de datos que apoya los resultados de este estudio no se encuentra disponible.

 

Editor responsable:

José Antonio Saravia: jsaravia@correo.um.edu.uy



[1] Este trabajo se ha realizado en el marco de los proyectos de investigación: El asociacionismo de la emigración española en América a partir de la década de 1960: los casos de La Habana, Buenos Aires y Caracas (PID2021-123160NB-I00) y Diplomacia científica y proyectos de integración supranacional: España, Francia, Estados Unidos y su proyección en América Latina (PID2024-157796NB-I00).

[2] Diversas corrientes historiográficas han abordado el estudio de una época a través del análisis de trayectorias individuales e itinerarios singulares. En el ámbito latinoamericano, los trabajos de Paula Bruno sobre viajeros e intelectuales argentinos han contribuido a consolidar esta perspectiva, Paula Bruno, Paul Groussac. Una estrategia comercial (Buenos Aires: Universidad de San Andrés / Fondo de Cultura Económica, 2005); Paula Bruno, coord., Visitas culturales en la Argentina (1898-1936) (Buenos Aires: Biblos, 2014); Paula Bruno, “Biografía e historia de los intelectuales. Balance y reflexiones sobre la vida cultural argentina entre 1860-1910”, Literatura y Lingüística, nº 36 (2017): 19-36. https://ediciones.ucsh.cl/index.php/lyl/article/view/1347

[3] Entendemos por prensa étnica el conjunto de publicaciones periódicas promovidas por y para una colectividad migrante, orientadas tanto a informar a sus miembros como a reforzar los vínculos con el país de origen, favorecer la cohesión interna y proyectar una determinada imagen pública de la comunidad en la sociedad receptora. Más allá de su valor como fuente histórica, desempeñó un papel activo en la articulación de redes sociales, asociativas y culturales, así como en la construcción de identidades colectivas y en los procesos de mediación entre ambas orillas del Atlántico, Concepción Navarro Azcue, “Introducción. La prensa étnica de la emigración española en América, siglos XIX y XX”, Revista Complutense de Historia de América 48, (2022): 158-159. https://doi.org/10.5209/rcha.81388 ; Alicia Gil Lázaro, “Prensa étnica e inmigración. El periodismo español en México en el primer tercio del siglo XX”, Revista Internacional de Historia de la Comunicación, nº 9 (2017): 39-44.

[4] Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867 – Menton, Francia, 1928) fue uno de los escritores españoles más conocidos de comienzos del siglo xx, entre sus obras más destacadas figuran La barraca, Cañas y barro, Sangre y arena y Los cuatro jinetes del Apocalipsis, esta última convertida en un éxito editorial internacional.

[5] Javier Lluch-Prats, “Los trabajos y los días de un editor rocambolesco: Vicente Blasco Ibáñez”, en La Plata lee a España. Literatura, cultura y memoria, ed. Raquel Macciuci (La Plata: Ediciones del Lado de Acá, 2010), 81-100; Javier Lluch-Prats, “Blasco Ibáñez, editor en Madrid”, Revista de Estudios sobre Blasco Ibáñez 1, (2012): 91-103; Javier Lluch-Prats, “La antesala del triunfo de un editor y escritor profesional: Vicente Blasco Ibáñez en Argentina (1909-1914)”, Revista de Estudios Hispánicos 46, (2012): 247-268. https://doi.org/10.1353/rvs.2012.0032 ; Javier Lluch-Prats, “El legado de una editorial emblemática: Prometeo (Valencia, 1914)”, en Pensar la historia desde el siglo XXI. Actas del XII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, ed. Pilar Folguera et al. (Madrid: UAM Ediciones, 2015), 1545-1559; Emilio Sales Dasí, Blasco Ibáñez en Norteamérica (Valencia: Universitat de València, 2020).

[6] Para un estudio de su emprendimiento cultural y de su proyecto colonizador en Argentina, así como de los vínculos del novelista con figuras destacadas de la colectividad española rioplatense, véase: Alicia San Martín Molina, Vicente Blasco Ibáñez en la Argentina. Del emprendimiento cultural al proyecto colonizador (1909-1914) (Madrid: CSIC, 2024).

[7] El concepto de capital simbólico fue desarrollado por el sociólogo francés Pierre Bourdieu en el marco de su teoría de la economía de los bienes simbólicos, véase: Pierre Bourdieu, “The Forms of Capital”, en Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education, ed. J. G. Richardson (Nueva York: Greenwood Press, 1986).

[8] Entre otros trabajos destacan: Marcela García Sebastiani, “La eficacia de las redes y los resultados de los vínculos: las élites de los inmigrantes españoles en la Argentina (1862-1923)”, Revista Complutense de Historia de América 31, (2005): 147-176. https://revistas.ucm.es/index.php/RCHA/es/article/view/RCHA0505110147A ; Marcela García Sebastiani, dir., Patriotas entre naciones: elites emigrantes españolas en Argentina (1870-1940) (Madrid: Editorial Complutense, 2010); Concepción Navarro Azcue, Gustavo H. Prado y Arrigo Amadori, eds., Vaivenes del destino: migrantes europeos y latinoamericanos en los espacios atlánticos (Madrid: Polifemo, 2014); Concepción Navarro Azcue y Gustavo H. Prado, eds., Intellectualism and Migration: International Networks of European Culture in America (XIX-XXI) (Maryland: GlobalSouth Press, 2016); Pilar Cagiao Vila, “Viajeros españoles en Argentina en el tiempo del Centenario”, en Migraciones transatlánticas. Desplazamientos, etnicidad y políticas, ed. Elda González Martínez y Ricardo González Leandri (Madrid: Catarata, 2015), 374-395; Concepción Navarro Azcue, Associationism, Leadership and Press of Spaniards in the Batllist Uruguay (1908-1930) (Maryland: GlobalSouth Press, 2017); Laura Giaccio, “Viajeros españoles como mediadores culturales entre Argentina y España a principios del siglo XX”, en Trayectorias literarias hispánicas: redes, irradiaciones y confluencias, ed. María Rosso, Felice Gambin, Giuliana Calabrese y Simone Cattaneo (Roma: AISPI Edizioni, 2018), 355-366.

[9] Como señala Morales Raya, el concepto de mediadores culturales parte de «aquellas iniciativas públicas o privadas, individuales o colectivas, que propician encuentros e intercambios culturales más allá de las fronteras nacionales». Estas iniciativas se materializan en múltiples ámbitos de actuación, como la organización de tertulias y conferencias, el impulso de asociaciones americanistas o de inmigrantes españoles, la actividad de archivos, museos y bibliotecas, las manifestaciones artísticas y teatrales, la labor de editoriales y publicaciones periódicas o la difusión de revistas y prensa, todas ellas orientadas a estrechar los vínculos culturales entre España y América,  Eva Morales Raya, “Viriato Díaz-Pérez, mediador cultural entre España, su patria de nacimiento, y Paraguay, su patria sentimental”, en Vínculos culturales entre España y Paraguay desde la historia y la literatura, ed. Eduardo Tamayo Belda (Madrid: UAM Ediciones, 2023), 205. La historiografía ha empleado distintas denominaciones para referirse a estas figuras, entre ellas pensadores culturales Berta Ares y Serge Gruzinski, Entre dos mundos: fronteras culturales y agentes mediadores (Sevilla: CSIC, 1997) u hombres puente Doris Brinkmann, “La teoría de la transferencia cultural y la construcción de un referente cultural alemán en la España de entreguerras (1919-1936)” (Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2014). Según Morales Raya el denominador común de estas propuestas reside en su función como embajadores culturales (Morales Raya, “Viriato Díaz-Pérez, mediador cultural”, 205). Sobre esta cuestión, véase también Pilar Cagiao Vila, ed., Donde la política no alcanza. El reto de los diplomáticos, cónsules y agentes culturales en la renovación de las relaciones entre España y América (1880-1939) (Madrid: Iberoamericana / Vervuert, 2018). Para un estudio sobre el vacío historiográfico existente en torno a la identificación, reconocimiento y análisis de la producción desarrollada por mujeres entre ambas orillas atlánticas, Esmeralda Broullón, ed., Intrépidas entre Europa y las Américas: cultura, arte y política en equidad (Madrid: Plaza y Valdés Editores, 2022).

[10] Los diarios analizados son El Diario Español de Montevideo y El Diario Español de Buenos Aires. Para el estudio de la prensa étnica española en Uruguay, véase: Dante Turcatti, “La prensa de inmigración: el caso español, 1864 a la actualidad”, en América Latina y España: de la colonia a la constitución de los estados nacionales (Montevideo: Ediciones del Quinto Centenario / UDELAR, 1992). Sobre la emigración española, véanse Carlos Zubillaga, “Inmigración española y participación política en Uruguay”, Estudios Migratorios Latinoamericanos 11, nº 32 (1996): 3-24; Carlos Zubillaga, “Asociacionismo y construcción de la ciudadanía en la inmigración española en Uruguay”, en Descubriendo la nación en América, eds. Elda González y Andrea Reguera (Buenos Aires: Biblos, 2010), 9-23.

[11] El Pueblo, La Argentina, La Prensa y La Nación.

[12] Viriato Díaz-Pérez, Juan Silvano Godoi y Cecilio Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay (Asunción: Imprenta Grabow & Schauman, 1909).

[13] La reflexión sobre América favoreció la formulación de proyectos de acercamiento cultural agrupados bajo el denominado americanismo español, véase: Gabriela Dalla-Corte Caballero y Gustavo H. Prado, “La pluralidad del americanismo español: el contexto del primer Centenario de las Independencias”, en De ida y vuelta. América y España: los caminos de la cultura, eds. Pilar Cagiao y Eduardo Rey Tristán (Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 2007), 321-332. Gustavo H. Prado, Rafael Altamira en América (1909-1910). Historia e historiografía del proyecto americanista de la Universidad de Oviedo (Madrid: CSIC, 2008). Sobre la implicación de los intelectuales latinoamericanos en el cuestionamiento y la reformulación de los imaginarios nacionales, véase: Mónica Quijada, “¿Qué nación? Dinámicas y dicotomías de la nación en el imaginario hispanoamericano del siglo xix”, en Imaginar la nación, eds. Xavier Guerra y Mónica Quijada, 15-51, Cuadernos de Historia Latinoamericana 2 (1994).

[14] Publicados los días 9 y 16 de agosto de 1908. Sobre estas colaboraciones y su relación con la proyección americana del escritor, véase: Alicia San Martín Molina, “Vicente Blasco Ibáñez y la prensa étnica. Sus colaboraciones en la Revista España (1907-1908)”, en Las migraciones europeas a América Latina. Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa, Juan Andrés Bresciano (comp.). (Montevideo: Centro de Estudios Interdisciplinarios Migratorios, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República, 2020), 185-214.

[15] Siguiendo a Aguilar y Siskind (2002), las conferencias de los viajeros culturales pueden interpretarse como auténticas escenas de representación pública. Las propias conferencias, así como las recepciones, banquetes, visitas institucionales y encuentros sociales que las acompañaban, formaban parte de una misma puesta en escena destinada a reforzar la visibilidad y legitimidad pública del visitante, véase: Gonzalo Aguilar y Mariano Siskind, “Viajeros culturales en Argentina (1928-1942)”, en Historia crítica de la literatura argentina. Tomo 6: El imperio realista, dirs. Noé Jitrik y María Teresa Gramuglio (Buenos Aires: Emecé, 2002), 371-373.

[16] En carta dirigida a Juan Antonio Argerich, el novelista remitió los títulos previstos para sus conferencias en Buenos Aires, explicitó la concepción de espectáculo destinado a entretener al público y que serían sin preparación alguna e improvisadas sobre el terreno, Vicente Blasco Ibáñez a Argerich, Madrid, mayo de 1909, Epistolarios, Archivo Casa Museo Blasco Ibáñez (en adelante ACMBI), Valencia.

[17] Eduardo Gómez de Baquero, “Actualidad literaria. Un embajador de las letras españolas en América”, El Imparcial, Madrid, 10 de marzo de 1909, 2. El Diario Español de Buenos Aires reprodujo esta nota el 4 de abril de 1909.

[18] Sobre el papel de los mediadores culturales en los procesos de interacción intercultural y las distintas formas de mediación implicadas en las transferencias culturales, véase: Diana Roig-Sanz y Reine Meylaerts, eds., Literary Translation and Cultural Mediators in “Peripheral” Cultures (Barcelona: Palgrave Macmillan, 2018). El concepto de “religación” ha adquirido una notable relevancia en los estudios de historia literaria y cultural, al permitir comprender las dinámicas de conexión entre espacios, actores y producciones culturales. En este sentido, la figura del mediador cultural emerge como un agente clave en la articulación de dichas relaciones, Margarita Merbilhaá, “Emergencias de la mediación intelectual. La Revista de América (París, 1912-1914) y la red de escritores latinoamericanos en Europa a comienzos del siglo XX”, Anales de Literatura Hispanoamericana 44, (2015): 253-280. https://doi.org/10.5209/rev_ALHI.2015.v44.51514

 

[19] El diario La Tribuna Salteña lo describía como “novelista eximio”, “cincelador de la frase”, “republicano de corazón, demócrata insigne, escritor cultísimo y propagandista de ideales avanzados”, “Blasco Ibáñez en el Salto. Su llegada y su conferencia”, El Diario Español, Montevideo, 15 de agosto de 1909.

[20] La presencia de Blasco Ibáñez en Uruguay se articuló en dos momentos diferenciados. El primero tuvo lugar entre el 10 y el 14 de agosto de 1909, con escalas en Paysandú y Salto, donde pronunció dos conferencias. El segundo se desarrolló a mediados de diciembre, cuando regresó a Montevideo para impartir un ciclo de cuatro conferencias.

[21] Estuvieron presentes una comisión procedente del Casino de Comercio y un reducido grupo de miembros de la colectividad española, Ana María Martínez de Sánchez, Blasco Ibáñez y la Argentina (Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 1994), 58.

[22] Camilo Flores, “Desde Paysandú. La estadía de Blasco Ibáñez”, El Diario Español, Montevideo, 13 de agosto de 1909.

[23] La conferencia pronunciada en Paysandú llevó por título “Los artistas a través del siglo xx”. A partir del listado de conferencias recopilado por Martínez de Sánchez, puede observarse que Blasco Ibáñez repitió posteriormente contenidos similares en Argentina, con títulos idénticos o muy próximos: “Artistas del siglo xix” (Corrientes, 19-8-1909), “Los grandes artistas del siglo xix” (Tucumán, 6-9-1909) y “Artistas del siglo XIX” (Córdoba, 25-9-1909), Martínez de Sánchez, Blasco Ibáñez y la Argentina. La ausencia de transcripciones en la prensa analizada impide reconstruir con precisión el contenido de la intervención en Paysandú.

[24] Flores, “Desde Paysandú. La estadía de Blasco Ibáñez”.

[25] Entre las personalidades que participaron en la recepción destacaron Marcelino Leal, intendente municipal de Salto; Francisco M. Ansó, vicecónsul de España; Eduardo Martínez García, presidente del Ateneo de Salto; el coronel Manuel Dubra; Luis A. Thévenet, director de La Prensa; Modesto Llantada, director de La Tribuna Salteña; e Ismael Feo, director del Liceo Salteño, además de diversos redactores de periódicos locales como Eco del Progreso y La Tribuna. Tras la recepción oficial, Blasco Ibáñez fue agasajado con un banquete en el Hotel Concordia, al que asistieron varias de las principales autoridades y representantes de la sociedad salteña. Ese mismo día realizó una visita por la ciudad y fue homenajeado con un lunch en el Casino Uruguayo, denominación con la que la fuente parece referirse al Club Uruguay. “Blasco Ibáñez en el Salto. Su llegada y su conferencia”, El Diario Español, Montevideo, 15 de agosto de 1909 y “Blasco Ibáñez en Salto (Uruguay)”, El Diario Español, Buenos Aires, 15 de agosto de 1909.

[26] “Blasco Ibáñez en Salto (Uruguay)”, El Diario Español, Buenos Aires, 15 de agosto de 1909, 2. La reiteración de rótulos semejantes en otras escalas de la gira puede observarse en “La novela moderna y su influencia social”, “Influencia social del teatro y la novela”, registradas en La Plata (29 de junio de 1909), Paraná (6 de agosto de 1909), Corrientes (21 de agosto de 1909), Tucumán (7 de septiembre de 1909), Santiago del Estero (17 de septiembre de 1909), Córdoba (22 de septiembre de 1909), Bahía Blanca (9 de octubre de 1909), Mendoza (30 de octubre de 1909) y Valparaíso (24 de noviembre de 1909).

[27] En diciembre de 1909, en una carta dirigida a su esposa confirmaba su viaje a Montevideo y su intención de dar cinco conferencias. Vicente Blasco Ibáñez a María Blasco del Cacho, Buenos Aires, 11 de diciembre de 1909, Epistolarios, ACMBI, Valencia.

[28] “El señor Blasco Ibáñez. Su llegada a Montevideo”, El Diario Español, Montevideo, 14 de diciembre de 1909; “El Sr. Blasco Ibáñez. Su partida”, La Prensa, Buenos Aires, 10 de diciembre de 1909, 10; “El señor Blasco Ibáñez”, La Argentina, Buenos Aires, 9 de diciembre de 1909, 7; “Don Vicente Blasco Ibáñez. Su regreso a España”, La Nación, Buenos Aires, 13 de diciembre de 1909, 7.

[29] Representantes del Club Español, el Centro Gallego y del Comité Republicano Español.

[30] San Martín Molina, Vicente Blasco Ibáñez en la Argentina, 85-126.

[31] Martínez de Sánchez, Blasco Ibáñez y la Argentina, 85, señala que las conferencias programadas en Montevideo debieron suspenderse debido al calor. No obstante, la prensa consultada no atribuye la cancelación a factores climatológicos, sino al estado físico del novelista.

[32] Viriato Díaz-Pérez (1875-1958), fundó y dirigió revistas como Revista del Paraguay, Revista del Instituto Paraguayo y Revista del Ateneo Paraguayo, y desempeñó diversos cargos culturales y archivísticos. Naturalizado paraguayo en 1926 actuó como una figura central de mediación cultural entre España y esta República. Contrajo matrimonio con Leticia Godoi Rivarola, hija de Juan Silvano Godoi, figura central del liberalismo paraguayo y miembro de la comisión redactora del proyecto de la Constitución de 1870. Para su biografía, véase Josefina Plá, Viriato Díaz-Pérez. Biografía (Palma de Mallorca: Luis Ripoll Editor, 1993); Morales Raya, “Viriato Díaz-Pérez, mediador cultural entre España, su patria de nacimiento, y Paraguay, su patria sentimental”, 197-214.

[33] Díaz-Pérez, Godoi y Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, 3-8.

[34] Para un estudio de las relaciones culturales hispanoparaguayas, véase: Eduardo Tamayo Belda, ed., Vínculos culturales entre España y Paraguay desde la historia y la literatura (Madrid: UAM Ediciones, 2023).

[35] José Vicente Peiró Barco, “Blasco Ibáñez y el Paraguay”, en Vicente Blasco Ibáñez: 1898-1998. La vuelta al siglo de un novelista, ed. Juan Oleza y Javier Lluch (Valencia: Biblioteca Valenciana, 2000), 133.

[36] Otra de las figuras de renombre que visitó Asunción fue Valle-Inclán (1910), que también tuvo un importante impacto en la comunidad intelectual y cultural del Paraguay, véase: Tamayo Belda, Vínculos culturales entre España y Paraguay desde la historia y la literatura, 30.

[37] Vicente Blasco Ibáñez a María Blasco del Cacho, Corrientes, 21 de agosto de 1909, Epistolarios, ACMBI, Valencia. Esta carta también puede encontrarse en Libertad Blasco-Ibáñez Blasco, Blasco Ibáñez, su vida y su tiempo (Valencia: Ajuntament de València, Delegación de Patrimonio Cultural y Recursos Culturales, Publicaciones de la Casa Museo Blasco Ibáñez, 2016), 240-242.

[38] Díaz-Pérez, Godoi y Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, 9-11.

[39] Díaz-Pérez, Godoi y Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, 43.

[40] Díaz-Pérez, Godoi y Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, 16.

[41] Díaz-Pérez, Godoi y Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, 27-28.

[42] Díaz-Pérez, Godoi y Báez, Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, 28-29.

[43] Vicente Blasco Ibáñez a María Blasco del Cacho, Buenos Aires, 29 de septiembre de 1909, Epistolarios, ACMBI, Valencia. La carta puede encontrarse también en Blasco-Ibáñez Blasco, Blasco Ibáñez, su vida y su tiempo, 242.

[44] Entre las cabeceras consultadas destacan El Diario Español de Buenos Aires y El Diario Español de Montevideo. Asimismo, parte de la información relativa a la recepción periodística paraguaya procede de la compilación Las conferencias de Blasco Ibáñez en el Paraguay, donde se reproducen y comentan diversos testimonios aparecidos en la prensa de la época.

[45] Según Peiró Barco este cuento está recogido en El préstamo de la difunta y surgió del contacto de Blasco con el folklore del Paraguay y de la Provincia argentina de Corrientes, véase Peiró Barco, “Blasco Ibáñez y el Paraguay”, 139-142.